sábado, 26 de febrero de 2011

Pico Monsacro

PICO MONSACRO
Domingo 16 de Enero de 2011
Salida de Avilés 10,15 h.
Regreso 17,30 h.

Así nos fue el día…

A las 10,15h vino Marcos a buscarme en su coche. Hacía un buen día para caminar, con sol y un poco de neblina.
Llegamos a la Collá donde dejamos el coche, e iniciamos el ascenso por la cara Norte, la de mayor dificultad pero la más bonita por lo que yo había consultado previamente.















LLa subida hasta la primera ermita fue más larga de lo esperado pero la realizamos charlando sobre cuestiones diversas, con muchas paradas para contemplar el paisaje así que no nos percatamos demasiado de su dificultad.
Al llegar a la ermita de La Magdalena percibí una atmósfera mágica, sin duda aquel lugar había sido un lugar sagrado anterior a la llegada de los cristianos que fundaron las dos ermitas que ahora se mostraban ante nosotros. “Este es un lugar de encuentro de brujas, un lugar sagrado de ritos ancestrales muy anterior a la construcción de estas ermitas cristianas”, le comenté a Marcos apenas percibí aquella fuerte sensación en el ambiente. “Seguramente”, me contestó sin vacilar “es el único sentido que tienen estas construcciones en un lugar tan inapropiado y difícil”.
Desde allí contemplamos toda la rasa costera, la ciudad de Oviedo de la que se podían distinguir sus edificios más moles: el Calatrava y el nuevo Hospital. También Gijón, que debido a la neblina que envolvía el paisaje solo vislumbramos el superpuerto, que a pesar de la neblina, se veía con claridad.
Continuamos hacia el Monsacro dejando a la izquierda la laguna mientras comíamos unos frutos secos. No nos acercamos hasta la ermita circular del Salvador que dejamos a la izquierda y continuamos ascendiendo.
     

















Para descubrir otros paisajes.




















En la primera collada antes de subir al Pico nos sentamos a contemplar el hermoso paisaje del otro lado:     Picos de Europa, Sueve, Cordillera….
  Marcos aprovechó la parada para consultar nuestra localización en un aparato "última generación".
 Eh Marcos ….  
     Ahí mismo, sobre nosotros, la blanquecina cumbre  del Monsacro.
Allá abajo, los pueblos del valle. Sin prisa, con tranquilidad, respirando la atmósfera de esta altura hasta que iniciamos de nuevo la ascensión.
Apenas habíamos caminado unos segundos hacia la cumbre cuando apareció caminando en sentido inverso Ana, que se encontró de repente frente a mi; y claro, quedó anonadada por la sorpresa pensando que yo era una aparición.
                      Marcos se sentó sobre una roca a observar nuestro encuentro desde lo alto.
      -   ¿ves Marcos no te dije que este era un lugar de brujas?, aquí está la primera
-   ¿eso le dijiste? preguntó Ana perpleja
-   sí, eso le dije y por si nos quedaba alguna duda, con este encuentro queda claro - respondí divertida
-   eres la hostia, tía… dijo Ana riendo
-   lo que no sabía es que os iba a encontrar hoy por aquí ¿dónde están las demás?
-   vienen detrás- dijo Ana
-   atento Marcos, enseguida vas a ver un nutrido grupo de brujas, esta es la primera, el resto aparecerán enseguida.
      Un ratito parloteando con Ana que llevaba un humor de mil diablos y por eso había abandonado al resto del grupo… “No te creas, esto del mal humor es habitual en ella, comenté con humor mirando a Marcos”. La charleta en mitad del camino consiguió hacer reír a Ana que se olvidó de la mala leche que tenía cuando la encontramos.
         Nos despedimos de ella y reiniciamos la subida…
…pero no habíamos caminado tres pasos cuando nos topamos de frente con el resto de les bruxes que aquel día poblaban la cumbre del Monsacro.
   Primero, las más jóvenes, aprendizas de 7 y 10 años. 
    Luego las expertas veteranas de la montaña:
 
La sorpresa convirtió el encuentro en la nota divertida del día.
Paramos un ratito a hablar con ellas, y les presenté a Marcos.
-     Mira Marcos estas son el resto de les bruxes amigas mías, y claro, aquí están en pleno Monsacro, no podía ser de otra forma.
-    y ella ye la mayor bruxa de todas - comentó Elena señalándome.
     -   Estas dos pequeñas son aprendizas -comentó Lali bromeando.
            -   Pero son aprendizas muy avanzadas, van por buen camino- añadió Elena.
Iban a comer al área recreativa y nos invitaron a que pasáramos por allí a tomar sidra.
 Llegamos a la cumbre, desde donde pudimos contemplar el variopinto paisaje en todas direcciones:
                                urbano al norte…
                                 …montañoso al este,
                                 







...también montañas al sur
                                








,,, rural en los fondos de valle,
                                … y el pantano que abastece Oviedo.
                               Una foto de la cumbre antes de descender.



















FIN



III Congreso Internacional de Ordenación del Territorio.

Entre el 3 y 6 de julio de 2001 se celebró en Xixón el Tercer Congreso Internacional de Ordenación del Territorio en el que presenté una ponencia donde se aborda el paso de la sociedad rural española en las décadas de 1950 - 1970 a la sociedad urbana y sus consecuencias en la organización familiar y territorial, tomando como ejemplo las transformaciones acontecidas en la comarca de Avilés. 










Título de la ponencia:
"Los espacios femeninos en el proceso de industrialización de la Comarca de Avilés (1950-1970)".


Si te interesa el contenido pulsa el siguiente enlace.
http://www.fundicot.org/grupo07.htm

miércoles, 23 de febrero de 2011

El Movimiento Ciudadano en Avilés

Era el año 2006 y se cumplían 30 años del nacimiento de un movimiento vecinal que había iniciado su rodaje en la clandestinidad para extenderse con rapidez a lo largo de 1976 por los barrios de la ciudad formando organizaciones de base que forzaron con su enorme vitalidad el camino hacia los ayuntamientos democráticos.

Después de 30 años y casi perdida la perspectiva de aquellos inicios, le propuse al Ayuntamiento de Avilés que realizara una serie de actos para hacer presente la importancia que habían tenido las asociaciones de vecinos en la construcción de la ciudad desde aquellos lejanos y difíciles principios.

En la programación se incluyó una exposición de fotografías con textos, en la que participé como asesora, atendiendo a mi participación activa en aquel proceso de gestación y consolidación del primer movimiento ciudadano de Avilés.

Como homenaje-recordatorio publiqué tres artículos en la prensa local (La Voz de Avilés), los días 27, 28 y 29 de octubre, en la Sección Opinión, cuyo contenido se muestra a continuación.

 OPINIÓN
En el 30 aniversario del movimiento ciudadano en Avilés (I)
PILAR MIGUEL GONZÁLEZ/ GEÓGRAFA Y PIONERA DEL MOVIMIENTO VECINAL EN LA CIUDAD

El año 1975 marcó una línea divisoria en los acontecimientos políticos de nuestro país. Por un lado, la oposición política al régimen franquista había reforzado durante una larga etapa sus organizaciones en la clandestinidad. Por otro, la avanzada edad del dictador hacía suponer su cercano final, y con ello, aumentaba la incertidumbre sobre el futuro político. Los rumores sobre un virtual proceso democrático aparecían, o se insinuaban, desde determinados círculos dentro y fuera del régimen, mientras, la vida cotidiana de los españoles y españolas seguía marcada por la ausencia total de los más elementales derechos democráticos.
Para contradecir cualquier ilusión sobre un eventual proceso democrático, lo que ocurrió en realidad aquel verano de 1975 fue que se asistió a un recrudecimiento del régimen, cuyas manifestaciones más claras fueron la declaración del estado de excepción en el País Vasco y la condena a muerte de cinco jóvenes antifranquistas.
Con este telón de fondo, desde las organizaciones opositoras al régimen se intentó movilizar a la opinión pública en contra de aquellas penas máximas y contra el estado de excepción en el País Vasco. El eco "oficial" de aquella oposición fue pequeño, habida cuenta de que no se contaba con libertad de expresión y la prensa y actos públicos estaban fuertemente censurados o simplemente prohibidos. Además, creo recordar que había miedo, miedo entre la población a disentir, al menos en voz alta. Cuestión lógica, ya que las cárceles estaban pobladas de presos políticos y la pena de muerte todavía se aplicaba para algunos presos por su condición ideológica. A pesar de todo, se produjeron actos de protesta que se unieron a la fuerte oposición internacional contra aquellas penas de muerte.

En aquel Avilés de 1975 algunos partidos políticos daban muestras de actividad a pesar de las adversas circunstancias del momento: desde la clandestinidad diversas tendencias; comunistas, troskistas, socialistas y anarquistas intentaban reforzar sus lazos con la ciudadanía en un intento de extender su ideario democrático al conjunto de la sociedad. En el mismo sentido; el movimiento obrero, que carecía de interlocutores representativos en las empresas, estaba fraguando las Comisiones Obreras que se iban extendiendo de forma lenta pero firme entre las numerosas fábricas que formaban el tejido industrial de la comarca.

Por su parte; en algunas parroquias, grupos de orientación católica trabajaban en un movimiento de renovación de la iglesia bajo la mirada de algunos párrocos que dirigían su ideario religioso hacia nuevos parámetros de justicia social marcando cierta distancia con la iglesia oficial de entonces; que, como es sabido, daba cobertura ideológica al régimen salido de la Guerra Civil. Este movimiento gozaba de tolerancia y logró tomar cuerpo legal a través de la JOC y de la HOAC, organizaciones donde se agrupaban los jóvenes católicos.


La inminencia de los fusilamientos hizo confluir a estos tres sectores en la necesidad de hacer algo por evitarlos. La confluencia se realizó en una reunión en locales parroquiales donde se acordó la firma de un manifiesto contra la pena de muerte que fue entregado al entonces alcalde de la villa, historia que terminó con la obligada visita de algunos firmantes a las dependencias de la comisaría para proceder a su fichaje policial previo interrogatorio por parte de la entonces brigada político-social.

No se evitaron aquellos fusilamientos que estuvieron rodeados, además de por el estado de excepción en el País Vasco, por la dura represión contra la izquierda de este país organizada entonces en la clandestinidad. Cierto es, si puede servir de consuelo a alguien, que fueron las últimas condenas de muerte pero ni la fuerte presión
internacional ni siquiera la intervención del Vaticano fueron capaces de evitarlas.

Este fue el germen que tardaría un año en fructificar, ya que hasta los últimos meses del año 1976 no se constituyó la primera asociación de vecinos del municipio de Avilés. 

La inestabilidad política de aquel período en el que ocurrieron acontecimientos tan determinantes como la muerte de Franco, el fracaso de la sucesión del gobierno Arias Navarro, las grandes movilizaciones de masas, la unión de toda la oposición en una única alternativa democrática y la represión contra los opositores al régimen, fueron las causas más visibles de aquel retraso.

En Avilés, aquel gesto unitario significó no sólo aunar voces contra la pena de muerte; sino que, además, fue el inicio de un diálogo entre sectores de procedencia diversa que se percibieron unidos por dos cuestiones relevantes: ser vecinos de los diferentes barrios de Avilés donde compartían una problemática común y creer firmemente en el derecho que tenían a expresarse y asociarse con libertad.
No fue posible hasta el verano de 1976 organizar las actividades que llevarían a la formación de la primera asociación de vecinos en Versalles. Diversos actos de tipo cultural precedieron su formación: un curso de alfabetización, diversas charlas sobre sanidad, enseñanza, ordenamiento jurídico, impartidas por profesionales críticos y en activo fueron el preámbulo; que finalmente culminó con la formación de la primera asociación, en octubre de 1976, acogida a la legalidad vigente de aquel momento.
En un proceso simultáneo, se formaron las asociaciones de Llaranes- El Pozón, La Luz- Villalegre, para enseguida extenderse a La Carriona, Jardín de Cantos, Valliniello, formando una estructura organizativa dentro de cada barrio y articulándose entre sí en una Coordinadora.





OPINIÓN
En el 30 aniversario del movimiento ciudadano en Avilés (II)
PILAR MIGUEL GONZÁLEZ/GEÓGRAFA Y PIONERA DEL MOVIMIENTO VECINAL EN LA CIUDAD

El período que medió entre la muerte de Franco y la Constitución de 1978 estuvo marcado por la incertidumbre. Las fuerzas vivas presentes en nuestro país tensaron sus fuerzas para dar la salida más favorable a sus posiciones políticas; y ello pasaba, a pesar de algunas resistencias, por el inicio de un proceso democrático que se intentaba definir - más bien acordar- a nivel de altas instancias en lo que se vino a llamar la "reconciliación nacional", que no era otra cosa que tender un manto de olvido sobre el pasado y mirar hacia el futuro buscando puntos de encuentro entre aquellas dos Españas enfrentadas en la última guerra civil.

Así, mientras gobierno y oposición negociaban los términos del pacto, la calle se poblaba de gentes que al grito de "amnistía y libertad" intentaban hacer oír su voz de la única manera que podían; es decir, gritando en la calle, a riesgo de caer en las múltiples redadas que en aquel momento la policía lanzaba sobre los manifestantes, que si bien en los primeros tiempos eran abiertamente ilegales y disueltos de forma contundente, poco a poco fueron entrando en el terreno de lo "tolerable" por el régimen, balanceándose - los manifestantes, quiero decir- en la indecisión de no saber a qué atenerse; pero en cualquier caso, siempre vigilados de cerca por aquel cuerpo antidisturbios popularmente conocido como "grises".
Si el año 1975 fue un año negro para los demócratas de este país, el período que siguió a la muerte de Franco fue más bien gris; y no sólo por la frecuencia con la que se veían aquellos uniformes por nuestras calles, sino por la indecisión que tiñó todo el período, navegando entre la tolerancia y la represión, entre la luz del objetivo democrático futuro y las sombras que se cernían sobre todo el proceso cuando sucesos como el múltiple asesinato de los abogados laboralistas de Atocha empañaban el cristal ante el que pretendía mirarse la democracia no nacida.

Fue el momento en que eclosionó y se hizo visible aquello que durante cuatro décadas había permanecido oculto, entre las tinieblas de un tiempo teñido de oscuridad. Ahora, el miedo empezaba a ceder su sitio a la razón histórica, y el pueblo empezaba a movilizarse por alcanzar los derechos democráticos negados durante cuarenta años.

Mientras tanto, nuestros barrios extendían y consolidaban sus asociaciones de vecinos incorporando interesantes debates en su seno sobre el tipo de entorno en que queríamos vivir los residentes. Fue así como pronto coincidimos todos y todas en que queríamos aceras, calles asfaltadas, semáforos en los cruces, zonas verdes, parques infantiles, centros culturales y deportivos, locales de reunión, centros sanitarios; queríamos de todo pues no teníamos de nada, así que fuimos elaborando nuestra "carta a los reyes magos", pues la verdad que había que creer en la magia para pensar que aquello era posible. Y como se trataba de hacer la lista completa pues nada teníamos que perder con ello, también pedíamos igualdad ante la ley, derecho al aborto, derecho al divorcio, información y acceso a los anticonceptivos, y un largo etcétera que daba contenido a las vocalías formadas para tratar los diferentes problemas suscitados: urbanismo, sanidad, enseñanza, cultura, juventud, mujer, etc. La aspiración máxima de todo ello, se concretaba en la exigencia de un Ayuntamiento que atendiera las peticiones ciudadanas, que fuera realmente el órgano representativo de los múltiples problemas que se vivían en los barrios; que fuera en definitiva, un ayuntamiento que pudiéramos elegir entre todos y todas; incluyendo, por supuesto, a los jóvenes que hubieran cumplido dieciocho años.

Y es que los jóvenes de aquellos momentos, me refiero a los menores de veintiún años, éramos muchos y representábamos una parte muy activa del movimiento contestatario. Amordazados por un sistema que no entendíamos y que habíamos aprendido a aborrecer entre la misa dominical infantil - escuchando al representante de dios en la tierra - y los castigos escolares - cuando incumplíamos con el sacrosanto deber de "empollar la lección"-. En cualquier caso, siempre bajo la atenta y severa mirada de nuestros dos protectores: Dios y el generalísimo, que uno desde el altar y el otro desde la pared de la escuela vigilaban nuestras acciones y nuestros más ocultos pensamientos, y de los que no teníamos escapatoria posible.

Quizás fue el atrape entre aquellas dos figuras, divina y humana, el que nos hizo jóvenes rebeldes; y así, al crecer, pudimos pasar sin demasiado esfuerzo de la silenciosa queja de infantes - obligados a curar sus malos pensamientos a base de penitentes oraciones - al bullicio de nuestra imaginación juvenil que empezaba a desbordar los límites impuestos y se desparramaba por todas partes, haciendo caso omiso de aquellas severas miradas; ya que, por fin, habíamos encontrado el antídoto perfecto: dejar de pisar la iglesia y colocar los cuadros al revés. Y así; sin más preámbulos, abandonamos la infancia y decidimos continuar nuestro camino agarrados a la música cuyos nuevos ecos empezaban a sonar en alguna emisora de radio conectando con nuestro ávido e inquieto espíritu. Cogimos pues, la guitarra y afinamos nuestras voces para cantar lo que sentíamos, y de nuestra voz interior salió un grito de protesta: se llamaba "libertad". Y así fue como nos vimos envueltos en aquel bullicio de manifestantes y grises; además de apoyar en nuestros barrios cualquier iniciativa que pudiera hacer girar la rueda de la historia hacia la libertad. Y como nos gustaba cantar a la libertad nos aficionamos a organizar conciertos de cantautores contestatarios; que, en ocasiones, también eran disueltos por los "grises" de entonces.

Bueno, a lo que iba, que estábamos de acuerdo en que nuestros barrios tenían que cambiar
y que necesitábamos parques, semáforos, zonas verdes, centros culturales, instalaciones deportivas, y que los jóvenes menores de veintiuno queríamos voz y voto en todo aquello que estaba por llegar.
Y de toda aquella confusión salió un Parlamento elegido en 1977 que discutió y sometió a referéndum la Constitución de 1978 que todavía hoy rige el destino común de nuestro país.

Elegimos nuestro primer ayuntamiento democrático en el año 1979 y una parte importante de los miembros de aquellas primeras asociaciones de vecinos pasaron a ser los representantes democráticamente elegidos por los avilesinos y avilesinas mayores de dieciocho años convocados a las urnas que quisimos votar. Y poco a poco, nuestros barrios y nuestra ciudad fueron transformándose en lo que hoy conocemos; y que, en buena parte, fue lo que pedíamos en aquellos momentos.

La década terminaba pues con optimismo; esperanzada, además, por los ecos de cambio que llegaban allende los mares donde vivían su traumática noche oscura con Pinochet, Videla, y demás gobiernos militares ocupando los gobiernos latinoamericanos. Pero una luz acababa de encenderse en Nicaragua con la revolución sandinista, germen
de esperanza para toda América Latina, ejemplo para todos los pueblos del mundo, lección magistral de la lucha de un pueblo contra una dictadura larga y feroz. La nueva década que se iba a iniciar se encargaría de moldear las esperanzas y las ilusiones depositadas en el protagonismo alcanzado por algunos pueblos para liberarse de los pesados yugos arrastrados durante largos años.



OPINIÓN
En el 30 aniversario del movimiento ciudadano en Avilés (y III)
PILAR MIGUEL GONZÁLEZ/GEÓGRAFA Y PIONERA DEL MOVIMIENTO VECINAL EN LA CIUDAD
En cuatro años se resolvió el problema que le había costado a este país no pocas penurias y el sacrificio de, al menos, dos generaciones. Atrás quedaba una guerra civil que había devastado el país, sembrado odio entre la población y aniquilado la cultura; para finalmente, imponer una larga dictadura. Quedaban atrás cuarenta años de una España cansada y triste que tras el trauma de la guerra civil, se había ido recomponiendo lenta y silenciosamente, pero que todavía mantenía demasiadas heridas sin cicatrizar.

Hacia delante se perfiló un régimen que concedía la amnistía a los presos políticos, sometía a referéndum la Constitución de 1978, y se dotaba de instituciones democráticas. Todo ello ocurría entre el año 1977 y 1979. Así pues; en apenas dos años, se consensuaron en España los cimientos del estado de derecho, poniendo punto final a la larga noche de la dictadura franquista. Toda una proeza, habida cuenta del sinfín de problemas que acarreaba semejante tránsito.

La década de los 70 terminaba pues, cargada de esperanza; y, todo hay que decirlo, también de apasionados debates: sobre los movimientos de liberación popular, la lucha por la emancipación de las mujeres, los modelos de vida alternativos. Desapareció la censura, lo que permitió la entrada de un sinfín de libros y películas en otro tiempo inaccesibles. Las salas de cine proliferaron y se llenaron de espectadores, ávidos de contemplar la cultura prohibida hasta ese momento. Proliferaron los recitales en vivo y en directo; masivos y plenos de energía, se convertían a menudo, en manifestaciones de un sentir unitario a favor de la libertad.

En Avilés continuaba en alza un movimiento ciudadano que afrontaba múltiples problemas. Uno de los primeros, fue el de salvar el Parque Ferrera amenazado por una operación urbanística. La formación de una coordinadora Pro-Parque que aglutinó a diversos sectores de la ciudadanía, y la movilización llevada a cabo bajo el slogan de "Salvemos el Parque", fueron capaces de frenar tamaño despropósito. Finalmente; se consiguió que se respetara la integridad del principal pulmón de Avilés, convirtiéndose en uno de los más preciados elementos de la ciudad.
En el barrio de Versalles, una fuerte oposición vecinal impidió que una gran arteria de comunicación pasara por el centro de lo que hoy se disfruta como parque Reconquista.
En La Luz, los vecinos reivindicaban una zona verde entre su barrio y Villalegre, en un espacio que permanecía fuertemente degradado desde hacia décadas, y que finalmente, también se convirtió en parque.

No es extraño que las luchas por mantener y ampliar las zonas verdes movilizaran a la ciudadanía; ya que la contaminación era uno de los graves problemas que padecía Avilés, agravado por la escasez de zonas verdes en el municipio. Que se trataba de un tema muy serio daban cuenta los altos índices de enfermedades pulmonares, de malformaciones congénitas, del fenómeno de las "placentas negras"...
El problema era grave, y la respuesta más contundente llegó con la formación del Colectivo Ecologista de Avilés, cuya fundación en la primavera de 1980 estuvo unida a la lucha contra la contaminación en la villa. Era una respuesta radical a un problema que necesitaba soluciones concretas y urgentes, pues en barrios como Valliniello se vivían situaciones de extrema dureza.
Conseguir que Avilés fuera declarada Zona de Atmósfera Contaminada fue el objetivo que aglutinó
a ecologistas y movimiento ciudadano en una campaña que tuvo un fuerte eco dentro y fuera de la comarca, y que atrajo a nuestra villa a Televisión Española y a la revista Interviú para informar del problema al resto del país. Después de varios meses de fuertes protestas vecinales, se logró la declaración de Zona de Atmósfera Contaminada para Avilés, lo que significó la puesta en marcha de medidas correctoras para paliar los efectos de la contaminación entre la población.

En otro sentido; la década de 1980 empezó mal, pues nuestro recién estrenado Parlamento se pobló una tarde de 1981 de uniformes militares, poniendo en duda ante la opinión pública la solidez del reciente edificio democrático. Durante aquellas tensas horas del 23 de febrero en que los congresistas permanecieron retenidos, el país contuvo la respiración, y soltó el aire para votar socialismo en la primera oportunidad que le dieron.

Y así; mientras los socialistas se ocupaban de la tarea de gobernar el país; en la calle, los aires rebeldes soplaron con renovado vigor, ya no para pedir amnistía y libertad, sino para exigir la retirada de la OTAN, la objeción de conciencia, la moratoria nuclear, el aborto libre... Este movimiento se agrupó en diversos colectivos; y así, pacifistas, ecologistas y feministas, configuraron un nuevo ideario de lucha: por un porvenir viable para el planeta y sus habitantes, en el que las guerras, la contaminación, la violencia, la desigualdad y la opresión no tuvieran cabida.  La villa de Avilés se mostró sensible a los nuevos tiempos; y apenas iniciada la década, los movimientos alternativos hicieron llegar a la población sus nuevas formas de entender el mundo.
Los ecologistas mantenían su presencia para dar respuesta a los múltiples problemas medioambientales que subsistían en nuestro entorno. Los pacifistas se organizaron por la objeción de conciencia y contra el gasto militar: sus actos de protesta se multiplicaron por todo el país; y también en nuestra villa, donde hojas informativas, jornadas de no violencia y audiovisuales contra la guerra, daban perfil a una campaña que tomaba sus tintes más radicales en la cercanía de los cuarteles, con encadenamientos y sentadas de protesta contra la obligatoriedad del servicio militar. Las feministas pedían la legalización del aborto. En Avilés, la lucha a favor del aborto libre se había iniciado en las asociaciones de vecinos a través de las vocalías de la mujer, pero el punto álgido y más radical de la lucha se alcanzó durante la nueva década. Las mujeres no sólo pegaron carteles, repartieron propaganda y realizaron charlas informativas, también se encadenaron y cortaron el tráfico en las cercanías del Ayuntamiento para reclamar este derecho.
Más de dos décadas nos separan de estos acontecimientos; y probablemente, el recuerdo de aquel Avilés lleno de humo y contaminación; sucio y poco apto para vivir; y mucho menos para disfrutar, haya quedado en el olvido, lo mismo que aquellos hombres y mujeres que lucharon por unas condiciones de vida más dignas en nuestra ciudad. Las nuevas generaciones crecieron con zonas verdes en sus barrios, disfrutaron de parques infantiles y equipamientos deportivos, pudieron respirar un aire más limpio y pasear por zonas peatonales sin vehículos abrumadores ocupando las calles. También tuvieron acceso a los anticonceptivos y posibilidades de abortar en condiciones mucho más dignas que antaño.

Atrás quedan los movimientos y colectivos ciudadanos que con su capacidad de organización, trabajo, y lucha; fueron capaces de movilizarse por un mundo más justo, y una vida más digna en nuestra ciudad. Nos queda el recuerdo, y su ejemplo.

Gracias por vuestro legado.